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Crítica: ‘Mad Max: Furia en la carretera’. La exitosa reencarnación de Max

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‘Mad Max: Furia en la carretera’ es uno de los ejemplos de reboot bien hecho. Si el otro hablábamos de uno malo, como es ‘Poltergeist’ (sin ser de los peores desde luego), la nueva aventura de Max recibe un notable, gracias, a la continuación en la dirección del padre de la criatura George Miller, que consigue mantener la esencia de un mundo apocalíptico propio y loco y a la vez darle frescura y modernidad.

‘Mad Max: Furia en la carretera’ nos devuelve a este mundo tóxico y desértico de la trilogía anterior (y si no fuera por cuestiones de poder alargar aún más la franquicia incluso hubiese podido contar con Mel Gibson y haber sido secuela en lugar de reinicio de saga). A un ritmo frenético rápidamente y en un par de secuencias nos enseña la dinámica de un universo demente, perturbado y llevado a sus extremos con una estética bizarra y cautivadora, con una fotografía y caracterización impecable, y enseguida nos sumerge en una road movie sin freno y suicida en busca de la supervivencia, la libertad y la esperanza. La suerte de esta locura y este fin del mundo tan visto es que está filmado con agilidad e inteligencia, alternando planos digitales limpios y brillantes, con otros saturados y sucios, movimientos audaces y  cámaras rápidas y lentas y piruetas visuales que nos dejan sin aliento (y que en 3D agotan).

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Los personajes sólo necesitan un par de gestos precisos para estar dibujados, los flasbacks y las miradas, así como ciertos planos detalles puntuales ayudan a aportar los datos esenciales y construirlos. Esto permite  que los diálogos sean pocos y exactos, y las acciones coherentes por responder a los instintos de cada uno. Las presencias de los geniales Nicholas Hoult y Charlize Theron añaden puntos a este film, en el que son fundamentales a pesar de que el protagonista sea un Tom Hardy, correcto, certero y rotundo, aunque a nuestro pesar desprovisto de cierto carisma, que el viejo Gibson desprendía a raudales. La actuación del resto de personajes, facilitados por roles bien definidos, encaja en esta maquinaria reinventada y cuasimitica que funciona a la perfección para el divertimento de unos espectadores boquiabiertos.

Desde luego esta aventura de este Mad Max, guerrero solitario y con tintes de vaquero con un pasado del que redimirse y que le impide, cual centauro en el desierto, descansar en el paraíso, sigue adelante. Su furia es susceptible de alargarse, pues es un personaje con mucha chicha que sacar aún.  Al menos nos da la sensación de que se dejan incógnitas sin responder adrede, que se genera un interés sobre este ser torturado, para ser desvelado en otro momento. Y qué bueno sería, a pesar de que Hardy no es el Max que nosotros hubiéramos deseado. Aunque si la cosa queda en esta única historia, desde luego es un ejemplo, amigos de cómo revivir una historia, que no mata a su original y consigue alzarse con entidad propia. Recomendamos ‘Mad Max: Furia en la Carretera’ 2015.

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